Monday, July 23, 2007

Fiestas Julias 2007 con Somerset Maugham.

Hoy me fui a mi tierra natal Santa Ana para visitar el centro de la ciudad en estos días de fiesta. Como mi familia vive en las afueras, casi nunca bajo hasta el centro histórico, que ya da la impresión de seguir el mismo destino del centro de San Salvador, ya nadie parece vivir alli, abandonado y desierto por las noches, e invadido durante el día por hordas de campesinos sin hábitos urbanos que instalan sus velachos durante el día, rompiendo aceras y paredes históricas, y abandonan la ciudad por la noche dejándola meada e inundada por toneladas de basura. Se percibe la falta de plan, orden y dirección de mentes entrenadas para pensar.

No se ve gente de clase media, sólo gente zafia de apariencia campesina. De vez en cuando, en medio de ellos, el evidente "hermano lejano", despercudido, cámara digital en mano. Mis padres siempre se sorprenden del cambio que la sociedad americana ejerce en nuestra gente más humilde, sobre todo en las mujeres:
-Se van casi chuñas, con los carcañales rajados, con mazamorras y niguas, y regresan con los pies sonrosados y las uñas pintadas, contando que manejan en Los Angeles o Washington, D. C.- comenta incrédula mi madre.
En palabras menos gráficas, me lo dijo un inteligente filipino que llegó a USA hace 30 años, en condiciones similares a las de los salvadoreños pobres: "America polished my being...", "Estados Unidos pulió mi ser..." y es que alli, las clases líderes, los ricos, supieron formar nación, formar sociedades humanizadoras, que dan sentido de dignidad y de orgullo hasta al que barre las calles.

Con todo, siempre sigue siendo agradable caminar por las nobles aceras de Santa Ana, aunque en muchas partes el tradicional ladrillo de andén ha sido sustituido por vulgar encementado. Siempre me encantó caminar por la Avenida Independencia, allá en los lejanos 1960 y 1970s del Siglo pasado, rumbo al centro, comenzando abajito del Colegio Bautista, a la hora del mediodía o de los bellos atardeceres en que los estudiantes salían de los colegios, del María Auxiliadora, del Santaneco, del Poli; las niñas con el bello uniforme de La Esperanza; las niñas ricas, exquisítamente maquilladas, saliendo de la Asunción; los más privilegiados coqueteando y saludando desde sus carros, pero todos concurrian a ver y dejarse ver y socializar a lo largo de la estrecha Avenida, quizás por estrecha más íntima y cordial...tal vez todavía sea igual, pero mientras recorría la Avenida no dejaban de resonar en mi mente los versos de las Coplas..."¿qué se fizieron las damas?,... ¿qué fue de tanto galán? ...los pechos encendidos de amadores???"

De pronto estaba frente al viejo edificio del Banco Central de Reserva, ahora Museo de Occidente, que apenas comienza. Hoy tuve la oportunidad de subir a la segunda planta que se ha abierto con una exposición sobre el añil, sencilla, sólo muestra algunas prendas teñidas.
Lo más interesante fueron dos cosas: Primera, leer dos textos antiguos sobre el añil, el primero, de fines de los 1600, es la respuesta de las autoridades de Ciudad de Guatemala a una mulata de León, Nicaragua, que pide a las autoridades en la lejana capital que se le autorice a producir añil en ciertas épocas en que no estaba permitido. Pensé en las largas distancias y que cuando recibió respuesta la mulata seguro había muerto o ya había resuelto su problema de maneras más expeditas. El otro documento fue escrito en Valladolid, España, a fines de los 1500, en un balbuceante y repetitivo castellano, quizás más que falla de la lengua era falla del secretario del rey. Lo que intentaba redactar era una orden para que se investigara si esa planta de la que se había tenido noticia en la metrópoli, podía sustituir con eficiencia a los materiales para teñir que se importaban de Francia y Portugal. Me fascina y conmueve leer documentos antiguos como los expuestos.

Segunda cosa interesante de la visita al Museo de Occidente fue conocer el edificio en su segunda planta. Aunque visto por fuera parece un edificio estrecho, se ve que se gozó siempre de amplitud cuando fue banco. También se ve que se goza de bonitas vistas de la ciudad tanto desde las ventanas sobre la Avenida Independencia, como desde la terraza interior que, desafortunadamente, no tienen abierta al público. El café del Museo, que funciona estrechamente sobre la Avenida, quedaría más lindo y atractivo en esa terraza.

En la bóveda del banco está desde hace años la exposición numismática de El Salvador, cuya parte más interesante es la exhibición de los primeros billetes de El Salvador, no emitidos por el gobierno, sino por los bancos que atendían las necesidades de los cafetaleros en Santa Ana.

Y por último, en la primera planta, está la exposición de arte religioso. Arte tosco, de muy baja calidad, da la impresión de antiguedad, aunque todo es de los siglos XIX y XX, pero es lo nuestro, me imagino, porque por ningún lado dice si es producción local. Se ve que no ha sido montada por expertos curadores y necesita esa mano, pues se carece, no sólo de información, sino de corrección de muchas fallas.

Dos errores me resultaron chocantes, el primero que la imagen (tosca también) de un santo tan importante como san Ignacio de Loyola, aparezca como san Ignacio de Noyola; y el otro en una bellísima, impresionante imagen de la virgen María recién nacida, y en vez de decir, como es lo correcto, "La Virgen niña", dice "Niña virgen", lo cual resulta hasta chocante.
En Santa Ana, y en todo el interior del país, donde los niveles de escolaridad son evidentemente más bajos, la necesidad de brindar información clara y exacta al pueblo, se hace más importante, de lo contrario en lugar de aclarar confunde. No puedo dejar de comentar que mientras hacia mi recorrido, también andaban por allí tres señoras humildes de aspecto pueblerino, sus cabellos sostenidos con peinetas, y pude escuchar dos comentarios de la más anciana que dijo: "Ya no quieren en las iglesias todos estos chunches viejos y los han venido a meter aquí." Parece que habían llegado, no a ver las exposiciones, sino a ver a un familiar que allí trabaja, y le dice la señora:"Por allá tengo un montón de cosas antiguas. Aquí quedan bien." Gran necesidad de educación, pues de esa visión ingénua de nuestra gente sobre su propia cultura, se valen los ladrones sacrílegos de las clases ricas, para seguir saqueando nuestro patrimonio.

Me fui luego a la Alcaldía, donde están asentados nuestros nombres, edificio entrañable para todo santaneco, y más para mi, cuando recuerdo que mi madre en su juventud en los años 1940, trabajó como secretaria de jueces en los Juzgados que funcionaban en la segunda planta del edificio.
Lo único lindo e interesante que vi en la Alcaldía fue que había dos marimbas tocando bella música, una a cada extremo de los jardines. Como siempre se instala en la planta baja las ferias de artesanias, de dulces y del libro. De artesanias las mismas bayuncadas de mal gusto que compran los hermanos lejanos cuando andan bolos. Dulces, ni hablemos. ¿Libros? Peor. En nuestras "urbes", urbes de semianalfabetos, no se encuentran libros, las "librerias" son en realidad papelerias. La feria del libro está compuesta por dos que tres puestos, dos de gente desempleada que para sobrevivir vende libros Océano y códigos de leyes, y el tercero es de Clásicos Roxsil...puesto que me deparaba una agradable sorpresa:

Hace años, en mis años universitarios, leí una entrevista con el gran actor inglés Sir Laurence Olivier, en la que él, para ilustrar lo poco que había leido en su juventud, dice: "Por ese entonces yo no había leido siquiera 'Servidumbre humana' de Somerset Maugham..." Yo inmediatamente me propuse que también debía leer ese libro y salgo ingénuamente a buscarlo por la "librerías" de San Salvador, sin encontrarlo por supuesto. Bueno, cuando tuve oportunidad lo busqué en otras ciudades del mundo hispano sin mejor éxito. La verdad debe ser una obra de importancia provinciana, sólo para los ingleses, y limitada, pues incluso para ellos es un escritor de segunda línea. El mismo Somerset Maugham lo reconocía cuando dijo que la historia lo situaría "in the very first row of the second raters". Quizás no lo mereciera, es que es lo que pasa cuando se vive al mismo tiempo que Joyce, Proust y Kafka...

Años después caminaba por la que fue calle de las librerias, esa cuadra hoy toda incendiada del viejo centro. Una de esas librerías siempre tenía una vistosa vitrina que me gustaba ver, pues ellos vendían aquellas exquisitas novelas traducidas de todos los idiomas europeos, libros de coloridas y atractivas solapas, que tenían un venadito rojo: Ediciones G. P. de Editorial Planeta, y ese día vi con sorpresa que en la vitrina se exhibía nada menos que el libro buscado por años: "Servidumbre humana" brillaba en todo su colorido, invitando a ser comprado y leido. Entré, dispuesto a llevármelo; pero al preguntar el precio, y aunque era el tiempo de los colones pre-históricos, mis colones no fueron suficientes para llevarme mi ansiado tesoro... Regresé directo del centro a mi universidad, y al primero que encontré fue a un compañero de estudios que también amaba los libros, y me pongo a contarle la historia que vengo contando, hablando de más, por la emoción...
Al otro día, por la tarde, volví a la librería del centro, con mis coloncitos bien contaditos...me estremecí al ver que ya no estaba en la vitrina...entré, pregunté, me dijeron "ya se vendió...", no puede ser, pensé, ¿¿¿quién más en San Salvador, en Inglaterra, en el mundo, iba a andar buscando al mismo tiempo que yo, "Servidumbre humana" de un escritor de nombre tan ridículo como impronunciable: Somerset Maugham???...pedí hablar con la dependienta que lo había vendido:

-Un muchacho se lo llevó hoy en la mañana...- me dijo

-¡¡¡Descríbame a ese muchacho!!!-le pedí...y para qué...si la descripción correspondía exactamente al único que yo sabía que en todo el mundo podía andar buscando "Servidumbre humana" de Somerset Maugham...mi compañero de estudios, a quien nunca reclamé por la puñalada trasera, uno de esos que uno nunca pierde de vista, y siempre me lo ando encontrando, y lo tengo que saludar con una mueca de sonrisa, y darle la mano, viéndolo a los ojos...gesto este último que él, he observado, no se atreve a hacer...

Pues bien, casi 30 años después, mi búsqueda terminó donde menos lo esperaba: En la pobre, sórdida feria del libro en la alcaldía de Santa Ana, en medio de dulces de pueblo y artesanías para bolos, en el puestecito de Clásicos Roxsil, en medio de una torre de libros de Editorial Porrua, me esperaba otra vez, el tan buscado libro...pregunté el precio: valía $8.50 ¡¡¡con 10% de descuento juliano!!!..¡¡¡y otro susto: ¡¡¡Yo sólo tenía 4!!!...pero ya no son los 1970s, pensé:
-¡Oígame bien- dije al joven que atendía- YO voy a llevarme este libro HOY. Sólo iré al cajero automático a sacar dinero, pero, le suplico, por nada del mundo le vaya a vender este libro a otra persona!!!
Todavía se debe estar riendo de mi, pues se reía cuando regresé minutos después, y me dijo:
-¡Aquí se lo tengo, bien apartado! ¡$7.65 ya con el 10% de descuento!
Era un chico guapísimo, un semidios alto y delgado, muy a la moda en todo, según observé, que no me parece que le guste de los libros más que venderlos, y todavía debe estar tratando de entender qué me pasaba.

Feliz de esta experiencia positiva, después de oir a los hábiles marimbistas de la Alcaldía, pasé al Teatro, e igual que siempre, el cascarón inútil y polvoriento, le piden dos coras por entrar, diz que para ayudar a la "restauración", para qué: si va no entré, no vale la pena, nada digno de ver. En el lobby hay una exposición de malísimas pinturas, a cual más feya, no llegan siquiera a feas, feyas. (Lea mi primer post en este blog:"Teatros en el sobaco del mundo.")

Luego, para terminar mi tour juliano, camine a la Iglesia del Carmen, con la idea de hacer bellas fotos, pues de la entrada del Carmen se tiene una hermosa vista de la ciudad, pero los Dominicos tienen bien cerrada su preciosa iglesia, sólo la abren a hora de misa, y yo los entiendo, con tanto robo sacrílego que hacen estas bien organizadas bandas de gente culta, platuda.
Hasta las próximas Julias serán mis fotos. Ahora a disfrutar el verano con Somerset Maugham...

2 comments:

Soy Salvadoreño said...

Bonito ver un post tuyo despues de tantos meses de no escribir nada en tu blog.
Creo que tu blog es muy valioso porque representa un estrato demografico que no es numeroso en la blogosfera salvadoreña.

Saludos

Aldebarán said...

Gracias por la visita, el comentario y las pistas sobre la librería.

Es bueno saber que este blog ha vuelto a la vida.

saludos