Sunday, October 21, 2007

Concierto sinfónico en Santa Tecla.

Tan cerca Santa Tecla y tan lejos que estaba la Sinfónica de su público habitual el pasado jueves 18 de octubre, cuando el concierto mensual se celebró en la Iglesia de Concepción, en el centro de Santa Tecla.
Asistieron mayormente fieles de esa parroquia, los que evidentemente carecen de hábitos de escucha de música en conciertos. Prolíficas familias, quizás por considerarlo educativo, habían llevado sus marimbas de niños que jugaban, corrían, lloraban...Al no más empezar la música, empezó también el ir y venir de damas que se levantaban al baño; los saludos a sus conocidos de los que entraban tarde; las pláticas de los viejitos, aburridos con la música de Albéniz y Schubert; el llanto de bebes de crianderas...
La grey religiosa no siente afición, ni necesidad de la música o del arte en general: les basta la prédica de sus pastores. Su sentido de la música no va más allá del vals, el bolero, el hip hop o la cumbia, lo cual está muy bien. Con horror sufrí, hace algunos años, la experiencia de asistir en mi vecindario tecleño, a un acto religioso, que se supone debe ser para el recogimiento y la veneración, pero de pronto todos comenzaron a cantar ¡¡¡la cumbia de la Virgen Maria!!!
El concierto del jueves 18 fue organizado por la Asociación Tecleños y Tecleñas de corazón, los que ya de entrada dieron malas señales, al combinar discursos y actos protocolarios con música. Ellos homenajeaban al ex-ministro Wandy Zablah, y al cura que ha logrado la única y costosa reconstrucción de iglesia después del terremoto de 2001, que derribó todas las iglesias tecleñas. Además, este clérigo ha construido una casa donde se da de comer a los indigentes del centro de la ciudad, con la consiguiente proliferación de indigentes y la insalubridad de la ciudad, ya que está llena de los meados, vomitadas y cagadas de mendigos que hacen sus necesidades en plena vía pública, a la vista de escolares. Las calles de la ciudad apestan y se ve toda clase de suciedad sin que se haga nada efectivo, o se busque soluciones que beneficien a los desamparados, sino que se les empeora sus vidas para que los privilegiados puedan sentirse madres teresas. ¿Porqué no se usa tanto dinero y evidentes influencias en internar a tanto indigente en asilos, hospitales siquiátricos, centros de rehabilitación, que es donde debieran estar si vivieran en una ciudad cristiana y moral?
Volviendo a la música, hubiera sido más apropiado invitar, en vez de la Sinfónica, a la Sinfónica Juvenil, que interpretara éxitos de Agustín Lara o los Beatles, que tanto entretienen a la gente, pero llevar, quizás sin saber, Albeniz, Schubert y Tchaikovsky me parece desperdicio de esfuerzos y talento. ¿Y por qué la Sinfónica acepta? ¿Será la falta de recursos que los hace aceptar? ¿O van obligados, presionados por compadrazgos o influencias a ponerse en ridículo ante solistas invitados?
Al terminar la segunda obra del concierto, la Inconclusa de Schubert, casi la tercera parte del público había abandonado la sala...se iban cuando les daba la gana...pero de pronto la atención se centró en la música, el silencio fue profundo cuando empezó el efectista Concierto para violín y orquesta en Re mayor Opus 35 de Tchaikovsky, especialmente en los solos de violín...al terminar el primer movimiento, Allegro moderato, el ingénuo público se puso en pie a una, y prorrumpió en atronadores aplausos y vivas al violinista catalán Josep Colomé, que saludaba con una sonrisa... German Cáceres estaba agachado en el podio...como pudo, en medio de aquella espontánea ovación de pie, empezó el Andante, la orquesta tuvo que afinar de nuevo, y a saber si completaron el Concierto, porque faltaba el Allegro assai, pero no pude distinguir si lo unieron de un hilo al anterior, o simplemente consideraron que no se podía seguir en vista del entusiasmo.
Josep Colomé, el violinista invitado, por supuesto se mostró comprensivo, y agradeció al público, interpretando un solo en su violín, el cual también fue del agrado del respetable.
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Hay que decir que el público habitual de la Sinfónica, profundamente conocedor, que llena los conciertos mensuales en los teatros Fepade y Presidente, es de una modesta y digna clase media, esa clase a la que debemos tener tan buena orquesta, pues de ella proceden los maestros miembros, un estrato social en que se valora la cultura, la educación y el humanismo. Jamás verá en esos conciertos ricachones, ni gente ostentosa, agrandada o iglesiera.
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No es la primera vez que la Sinfónica da conciertos en iglesias, dando sin querer u obligados, un halo de cultura y humanismo, a una institución que sólo ha usado la música de forma ideologizante, y como la han usado todos los poderosos, para intimidar e impresionar a enemigos reales o imaginarios.
Es de recordar que la música que no fuera canto gregoriano, era satanizada y perseguida por la Iglesia.
La música clásica se escuchó por primera vez en el Vaticano con Juan Pablo II, en los 1980's, cuando Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín interpretaron la Misa Coronación de Mozart. Juan Pablo II también fue el primer papa en entrar, horror de horrores, nada menos que al teatro de la Escala en Milán, que hasta entonces era para los católicos tradicionales, como entrar a un burdel...se le interpretó, respetuosamente motetes de Bach...

1 comment:

Aldebarán said...

Interesante lo que cuentas del concierto. Realmente, nunca nos educaron para comportarnos en un concierto de la Sinfónica (o por lo menos conmigo no lo hicieron) pero se aprende yendo, escuchando y callando.

No puedo decir que para el próximo aprenderán. Lo mejor es sentarse adelante, si los ricachones lo permiten, e ignorar al respetable.

saludos